Semejanzas

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Ya dejé de contar los días, me niego a sentirme (más) vacía. Ya no recuerdo cuando fue la última vez que pude observarte a mis anchas, con tranquilidad, sin el mas mínimo destello de apuro en mi ser.

Los intentos para verte fueron tantos que ya dejé de contarlos. Aunque abra la ventana, ya por el atardecer, y estire mi cuerpo todo lo posible sin riesgo a caerme (hacer el ridículo poco me importa ya a estas alturas), no llego a observarte. Te encuentras completamente escondida para mí. A pesar de ello, me niego a dejarte ir y sigo escrudiñando por algunos minutos más ese cielo ya oscuro, inalcanzable.

Una persona, hace tiempo ya, me dijo una vez que era como tú. Y, en ese momento, le creí, aunque ahora estoy segura de que no es verdad. No ilumino siempre a alguien, como tú, ni miran hacia mí en busca de respuestas. Y, menos que todo, no soy inalcanzable. Estoy allí, siempre allí, en el mismo lugar. Clavada.

Sin embargo, tal vez en ciertos aspectos si seamos parecidas, como en cuanto a tus fases. Tal vez porque hay momentos, días, en los que deseo desaparecer lentamente, sin que nadie lo note hasta que no sea demasiado tarde. Para, así, poder estar sola, en compañía del silencio y de mis pensamientos y echar todo un poco de menos. También hay veces que, en mis mejores días, puedo llegar a iluminar a alguien con mi forma de ser, simple.

Tal vez no seamos tan diferentes, en realidad. Tal vez sea, simplemente, algo selenofílica. Tal vez, solo un poco.

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