Y si

beso

Algún que otro día, alguna que otra noche, se me da por pensar en ti. Y te preguntarás el por qué. No voy a mentirte, yo también me lo pregunto. Supongo que habrá algo, algún factor externo, como una publicidad en la televisión, una serie que me encuentro viendo, que haga que tu imagen aparezca en mi mente. Automáticamente. No lo sé. Es de esos misterios. Porque, siendo sincera una vez más, hablar, prácticamente no hablamos, salvo en algún que otro reencuentro que se de por casualidad. Eso sí, al encontrarnos no puedo evitar volver a sentirme como esa adolescente charlatana (cuando no?) que se encontraba enamorada por completo de vos.

Me atrevería a decir muy tranquilamente, y con casi completa seguridad, que fuiste mi primer amor. Y mi primer desengaño amoroso, también. Muy adolescente, sí, pero creo que lo fuiste. No recuerdo haber sufrido con anterioridad al amor, no de esa manera. Vaya dramón, si habré llorado. Sin embargo, los años pasaron y lo asumí. Fuiste, sos y serás siempre un imposible. Un inconcluso en mi vida. Uno de tantos. Pero el primero real, eso sí.

Y es que, a pesar de que no sienta nada ya por ti, existe una debilidad por mi parte difícil de evitar. Como aquella vez, en la que todavía seguíamos viéndonos de vez en cuando, entre amigos y alcohol. Y, entre cerveza y cerveza, empezamos a charlar más entre nosotros. Desafiándonos en broma, molestándonos. Prácticamente, como nos comportábamos en toda nuestra adolescencia.

La noche siguió su curso y, ya prácticamente de madrugada, vos ya estabas borracho y yo, alegre, desinhibida. Vos soltero y yo, estrenando pareja. Caminando en grupo por las calles de Palermo, aunque nosotros íbamos más alejados del grupo. En la nuestra, molestándonos. Y es que no recuerdo lo que dije, solo tu respuesta. Te fuiste acercando a mí, acorralándome contra la pared, desafiándome con la mirada. De lo cerca que te encontrabas, recuerdo perfectamente el sentir tu aliento a alcohol. Y tus ojos. Y tus labios. No sé cómo lo hice, pero te aparté riéndome, y te abracé del brazo, obligándote a seguir caminando. Aunque, claro está, nadie había notado nuestra ausencia.

Nunca comentamos lo sucedido. Dudo que realmente te acuerdes, la verdad. Aunque, para que mentirte, es en estas veces en las que me pregunto ‘y si?’. Y si te hubiese devuelto la mirada, desafiándote a más. Y si hubiera apoyado una mano en tu cuello, despacio, con una leve caricia. Y si. Aunque sea, no me hubiese quedado con esa intriga, con esa curiosidad de saber a qué saben tus labios.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s